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31.5.09

Con los pies en la tierra


Después de celebrar el misterio entrañable de la Navidad y después del Tiempo Pascual, se pasa al llamado «Tiempo Ordinario», también lleno de celebraciones importantes: el misterio de la Trinidad, del Cuerpo y Sangre de Cristo, y de tantos hechos de la vida del Señor en la tierra que nos señalan las huellas sobre las que hemos de pisar los hombres para alcanzar nuestro fin, la vida eterna en el seno de Dios Padre. Es ya aquí, en la tierra, donde podemos y debemos ser como Cristo (camino, verdad y vida).


El Hijo de Dios ha entrado plenamente en nuestra realidad humana. Ha dicho un sí insuperable a esta tierra de la que hemos sido hechos; ha dicho un sí a un mundo limitado y a una situación imperfecta. Desde entonces, el tiempo y la historia, la alegría y el dolor, el trabajo y el descanso están penetrados hasta lo más hondo de la presencia del Redentor.
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18.4.09

Vino a dar Vida


Vino a la vida para que la muerte
dejara de vivir en nuestra vida,
y para que lo que antes era vida
fuera más muerte que la misma muerte.

Vino a la vida para que la Vida
pudiera darnos vida con su muerte,
y que para que lo que antes era muerte
fuera más vida que la misma vida.

Desde entonces la vida es tanta vida
y la muerte de ayer tan poca muerte,
que si a la vida le faltara vida


y a nuestra muerte le sobrara muerte,
con esta vida nos daría vida
para dar muerte al resto de la muerte.

a
Sacado de "Magnificat, mes de Abril,día 16

13.3.09

¿FAMILIAS DURMIENTES O FAMILIAS INVENCIBLES?

+ Manuel Sánchez Monge
Obispo de Mondoñedo - Ferrol

Entre las familias oficialmente cristianas, abundan las familias ‘durmientes’. Hacen como que no se enteran de los problemas que tienen en casa y, ante los ataques del laicismo combativo que padecemos, aguardan pasivamente tiempos mejores. No saben lo que se pierden. Porque vivir una buena relación como esposos, desde la perspectiva humana, es algo muy gratificante. Y si añades la perspectiva de la fe, resulta algo maravilloso. El diálogo sincero y abierto entre los esposos adquiere horizontes nuevos cuando son conscientes de que no dialogan solos. Cristo les acompaña y han de estar atentos para captar lo que El les quiere decir a través del otro. Educar a los hijos, con todas las dificultades que tiene esta empresa, se convierte en una gozada cuando se les ve como un regalo de Dios y cuando los esposos se sienten llamados a colaborar con el Señor para ayudarles a ser, no sólo personas íntegramente desarrolladas, sino hijos de Dios en camino hacia su plenitud.

No necesita la Iglesia solamente gente buena. Necesita hombres y mujeres fuertes y recios. No matrimonios con las manos caídas y los ojos abatidos. Necesitamos tener más en cuenta las virtudes que los defectos y lanzarnos a la aventura de vivir lo que anunciamos y anunciar lo que vivimos. De lo contrario, no seríamos más que rebaño de débiles, mediocres receptores de un carisma que no merecíamos. La Iglesia necesita familias inasequibles al desaliento

Las familias cristianas están llamadas a vivir intensamente la espiritualidad familiar. A llevar hasta el límite las promesas bautismales, a vivir la ayuda mutua y dar así testimonio de lo que creen. Apostar fuerte por llevar adelante las propias convicciones, pretender la santidad viviendo en familiar no es precisamente espiritualismo. Ahora bien, para vivir así, no valen mediocridades. Por otra parte, no se trata exclusivamente de esfuerzos humanos casi heroicos. El poder de Dios se manifiesta cuando el hombre reconoce su propia debilidad. Lo que no obsta para que a la tierra prometida del gozo y la felicidad familiar sólo se llegue cruzando el desierto de los cansancios, las crisis y las ‘noches oscuras’. Sólo quien es capaz de caminar en la oscuridad alcanza la luz. Una familia cristiana que lo es de verdad, vive a contracorriente y no puede aspirar a una vida cómoda y sin tensiones. Necesitamos familias católicas que, luchando con la confianza puesta en Dios, se sientan invencibles. Unas familias así son, en un mundo que se precia de no creer en Dios ni el amor limpio y sacrificado, una ‘teofanía’, una manifestación de Dios, de su amor fiel y lleno de ternura.

Nada de intentar justificarse diciendo: ‘nosotros no podemos’ cuando en realidad lo que sucede es que no queremos. No estamos para blandenguerías, anemias espirituales y miedos paralizantes. Despierten las familias dormidas, levántense las abatidas, acompañemos a las que flaquean, animemos a las que se vienen abajo. Todos somos débiles, pero no estamos llamados al conformismo, a la mediocridad, a seguir durmiendo mientras el mundo arde en las llamas del consumismo, de la superficialidad y del sálvese quien pueda. Necesitamos familias que viven un cristianismo arriesgado, alegre y comunitario.
a

a
Nota Editorial:

Agradecemos sinceramente a Mons. Manuel Sánchez Monge esta colaboración con el boletín de Familias Invencibles. Gracias por sus palabras y su cariño.

26.2.09

Vivir la Cuaresma es ...


Prepararse con el fin de caer en la cuenta del significado que encierra y celebrar, en la Pascua, el fruto y triunfo de la cruz: la Resurrección
a
Despojarse de la distancia que existe entre uno mismo y sus ideales cristianos: la coherencia
a
Ayunar de aquello que deleita aparentemente pero que nos deja enganchados en el débil placer: sacrificio
a
Dar, no tanto lo que nos resulta fácil, cuanto aquello que supone un esfuerzo: la caridad
a
Enviar “mail” abundantemente al Padre sabiendo que siempre da cumplida respuesta: oración
a

17.2.09

FAMILIA CRISTIANA: ¡EDUCA EN LA FE!

La Fe es siempre un regalo de Dios. No es una ciencia que se pueda estudiar. No es una tradición religiosa venerable como otras muchas. No es sólo aceptación de unas verdades, sino una semilla de Vida dentro de mí. .
Mons. Manuel Sánchez Monge Obispo Mondoñedo-Ferrol

Un matrimonio Áquila y Priscila, colaboradores de San Pablo en la misión.


En el libro de los Hechos de los Apóstoles (cap. 18) encontramos cómo San Pablo, durante su segundo viaje misionero, después de su fracasado discurso en Atenas a los filósofos griegos, llegó hasta la ciudad portuaria de Corinto. Allí se encontró con un matrimonio cristiano: Áquila, de origen judío, y su mujer Priscila (o Prisca). Se encontraban en Corinto por haberse visto obligados a salir de Roma a causa de la expulsión del emperador Claudio de los judíos de Roma. San Pablo se va a vivir con ellos para trabajar juntos en el oficio de la confección de lonas y así poder ganarse el sustento.
Entre lona y lona Pablo aprovechó para hablarle a este matrimonio de Jesucristo, de manera que a partir de ahora se unen a Pablo y su misión. Y cuando llegaron a Corinto Silas y Timoteo, entonces Pablo, dejó durante un tiempo su oficio, y se dedicó sólo a la misión en esta ciudad. Hemos de pensar que también le acompañaron Áquila y Priscila, los cuales aprovecharían su negocio de lonas para extender el evangelio de Cristo en aquella ciudad portuaria, al igual que ofrecerían su casa para acoger a los primeros cristianos de Corinto.
Sabemos que la predicación en Corinto se hizo de un modo especial que Pablo de vez en cuando recuerda en la primera Carta a los Corintios. No se hizo como una demostración de Jesucristo desde la sabiduría humana, pues el fracaso de esta manera de presentar a Jesucristo ya lo había experimentado Pablo poco antes en su discurso en el Areópago de Atenas. Pablo experimentó en esta predicación a los Corintios la verdadera sabiduría cristiana, que no está en la demostración de grandes argumentos basados en la sabiduría humana, sino en la fuerza de Dios a través del Espíritu de Cristo resucitado (1 Cor 2,17-18).
Al terminar su predicación en Corinto, Pablo emprende el viaje hacia Éfeso, y le acompañan el matrimonio Áquila y Priscila. Allí se separa de ellos para seguir su viaje hasta su comunidad de origen, Antioquia. En Éfeso, Áquila y Priscila se van a encontrar con Apolo, un cristiano muy formado en las Escrituras Judías y en todo lo relativo a Jesucristo, pero que no había recibido el verdadero bautismo cristiano, sino sólo el de Juan. Nos cuenta el libro de los Hechos (18,26) que al oírle Áquila y Priscila, le tomaron aparte y le instruyeron con “más exactitud”. ¿Qué podían enseñarle al instruido Apolo un matrimonio que se dedicaba a confeccionar lonas? Lo que hicieron con Apolo fue una enseñanza que partía de lo aprendido con Pablo en Corinto, es decir, el verdadero conocimiento de Cristo no nace de la sabiduría humana sino de la fuerza poderosa del Espíritu de Cristo resucitado que te lleva a confesar que Jesús es el Señor y a dar testimonio de ello. Lo que recibió Apolo de parte de Aquila y Priscila fue una enseñanza basada en el testimonio personal de su experiencia del Espíritu de Cristo resucitado, y esto llevó a Apolo a recibir un bautismo en el Espíritu, de manera que Apolo va a cambiar a partir de ahora su estilo de predicación tal como nos cuenta el mismo libro de los Hechos (Hech 28,18).
Aquila y Priscila hacen de su casa una iglesia doméstica (1 Cor 16,19), y la abren para que se pueda reunir la comunidad (Rm 16,3). Ellos son un ejemplo de un matrimonio renovado por el Espíritu de Cristo resucitado. Pedimos al Señor que siga suscitando matrimonios y familias renovadas capaces de participar en la misión de la Iglesia.
P. Cristóbal Sevilla

5.2.09

"Presentación de los niños en el Templo"

Educar es una labor que exige tiempo. Como en la ascensión a una montaña, a veces hay que parar, forzar la marcha... o desandar lo andado porque el camino acaba en un precipicio. Sin embargo, lo importante es llegar a la meta final: educarles como personas con voluntad y criterio, con autonomía y decisión para enfrentarse a la vida. Y esto no se logra en dos días.
Educar con calma
Sin duda uno de los mejores regalos que podemos dejar en herencia a nuestros hijos es la costumbre del equilibrio interior y de la paz. Han de vernos serenos, sin dejar paso a la ira o al enfado por nimiedades; han de ver que no sacamos las cosas de quicio... Se puede comprobar, además, lo fácil que resulta para los hijos adoptar comportamientos más serenos cuando están ante una persona tranquila, que no responde con cólera y violencia sino con un tono de voz sosegado, amistoso y conciliador.
Ellos necesitan de nuestra paciencia, primero, porque en educación no caben las prisas; segundo, para ayudarles a encarar las dificultades con calma y serenidad.

Educar con comprensión
Hace falta comprender. Y si le comprendemos nos contará, y le podremos ayudar. Así perderán el miedo a darse a conocer, tan importante para educar; verán que la sinceridad y la confianza arreglan todo con una facilidad admirable.El primer paso, sin embargo, hay que darlo escuchando y dedicando tiempo a sus problemas que, aunque parezcan nimiedades, pesan como losas para ellos. Pero si les apartamos a un lado porque nosotros sí estamos haciendo algo importante, cada vez será más difícil que nos cuenten.
A causa de nuestra poca paciencia estamos cerrando las puertas a su intimidad y la adolescencia cercana acabará por echar unos cuantos cerrojos más.

Llegar a la intimidad
Los hijos necesitan de nuestra paciencia porque es el único modo de llegar a su intimidad; hace falta tiempo, roce y trato. Aguantar desplantes y aprovechar los momentos relajados para dar un gran avance. Interesarse por lo que interesa a los hijos. Y como su mundo suele ser muy atractivo, disfrutaremos con ese descubrimiento.Ganando su corazón tendrán fuerza nuestros consejos; no basta sólo con el prestigio de padres ni con el respeto y la disciplina: hay que saber atraerse la disciplina y el afecto de los hijos.
Y eso supone poner atención (con paciencia) a la riada de pequeñeces (muy importantes para ellos) que cuentan cuando llegan del colegio, o que quieren decirnos cuando volvemos de trabajar, generalmente cansados.

27.1.09

FAMILIA CRISTIANA: ¡EDUCA EN LA FE!



Ningún ser humano puede hacer plenamente feliz a otro, pero todos podemos hacer un poco más felices a los demás y, de la mano, caminar al encuentro con el Otro, que es quien nos puede proporcionar la felicidad plena.
.
Mons. Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol

21.1.09

18-25 de enero. SEMANA de ORACIÓN por la UNIDAd de los CRISTIANOS:


"ESTARÁN UNIDAS EN TU MANO"

Procurad reuniros con más frecuencia para celebrar la acción de gracias y la alabanza divina. Cuando os reunís con frecuencia en un mismo lugar, se debilita el poder de Satanás, y la concordia de vuestra fe le impide causaros mal alguno. Nada mejor que la paz, que pone fin a toda discordia en el cielo y en la tierra.

Nada de esto os es desconocido, si mantenéis de un modo perfecto, en Jesucristo, la fe y la caridad que son el principio y el fin de la vida: el principio es la fe, el fin es la caridad. Cuando ambas virtudes van a la par, se identifican con el mismo Dios, y todo lo demás que contribuye al bien obrar se deriva de ellas. El que profesa la fe no peca, y el que posee la caridad no odia. Por el fruto se conoce al árbol. Es mejor callar y obrar que hablar y no obrar. No os llaméis a engaño, hermanos míos: los que perturban las familias no heredarán el reino de Dios.

Queridas familias que ésta pequeña reflexión hoy tan actual, nos ayude a vivir la unidad en nuestros hogares.
De san Ignacio de Antioquia, obispo y mártir, a los Efesios.
oficio de lectura lunes II tiempo ordinario



20.1.09

FAMILIA CRISTIANA: ¡EDUCA EN LA FE!



El amor gratuito de los padres hacia los hijos es como un atisbo, como una introducción al descubrimiento del amor que Dios nos tiene.

Mons. Manuel Sánchez Monge, Obispo de Mondoñedo-Ferrol



30.11.08

Señor, tú eres el alfarero, nosotros somos la arcilla. Somos todos obra de tu mano.



Reflexión y sugerencias
El pueblo de Israel sufrió el destierro.
El reino del Norte fue desterrado a Asiria;
el reino del sur hubo de vivir en la tierra extranjera de Babilonia.
En este exilio duro y difícil, que en algún caso duró
casi siglo y medio, el pueblo de Dios se hizo humilde.
Reconoció las injusticias y pecados que marcaban su vida social y personal.
A pesar de las infidelidades del pueblo, Dios siempre está dispuesto
al perdón y la misericordia.
El pueblo se siente en manos de Dios como la arcilla en manos del alfarero.
Dios es capaz de modelar un pueblo nuevo.
En este Adviento recién comenzado, también nosotros estamos llamados a volver nuestros ojos a Dios para recuperar un tiempo de sinceridad, justicia y solidaridad.
Dejémonos modelar por Dios, como la arcilla se abandona en manos del alfarero.

1.10.08

Con los pies en la tierra


El Hijo de Dios ha entrado plenamente en nuestra realidad humana. Ha dicho un sí insuperable a esta tierra de la que hemos sido hechos; ha dicho un sí a un mundo limitado y a una situación imperfecta. Desde entonces, el tiempo y la historia, la alegría y el dolor, el trabajo y el descanso están penetrados hasta lo más hondo de la presencia del Redentor. El reino de Dios está ya en medio de nosotros, y se trata de descubrirlo en el fondo de las situaciones más diversas que nos presenta la vida: no sólo en las cosas agradables, limpias y correctas, sino también allí donde se muestran el sufrimiento y el error, donde uno constata desviaciones del buen camino y todo puede parecer feo, sucio y malogrado. Cristo no vaciló en comer en las casas de los pecadores públicos; incluso permitió la presencia de Judas durante tres largos años y buscó la amistad con el traidor: porque no se puede ayudar a quien no se ama de verdad.
Realismo cristiano

Un cristiano que quiere seguir a su Señor toma en serio toda la realidad humana. Es en este mundo nuestro, en los hombres y mujeres, en sus mentes y sus corazones donde puede encontrar a Dios, de un modo mucho más vivo que en teorías y reflexiones. Pero ha de tener en cuenta que los cambios históricos afectan también la interioridad humana. Hoy en día, una persona percibe los diversos acontecimientos del mundo de otra forma que las generaciones anteriores, y también reacciona afectivamente de otra manera. Por esto, es tan importante saber escuchar para quien quiere prestar una ayuda eficaz.

La fe hace realista al hombre y le llama a corresponder a las necesidades que descubre en su alrededor, a sentirse solidario con los demás, y especialmente con los más pobres. Despierta el deseo de servir a Cristo en ellos. Pero no basta dar "cosas" al otro. En analogía a su Señor un cristiano quiere dar algo de sí mismo, de su propia vida, de lo que está vivo en él. Comparte sus alegrías y sus penas, sus ilusiones y desilusiones, sus experiencias y planes para el futuro, en una palabra: se da a sí mismo, ofrece amistad. Hay personas que trabajan fervorosamente en labores sociales, pero que nunca han podido realizar un verdadero encuentro con otra persona, en el que cada uno se muestre al otro tal como realmente es.

Me parece que el modo más noble de contribuir al desarrollo de la creación consiste en servir a los demás, en ayudarles para que cada uno llegue a ser felizmente aquel a quien Dios ha querido desde siempre. Pero, para que una persona pueda realizar sus posibilidades más altas, es importante aceptar primero sus necesidades más básicas y elementales, es decir la "tierra" de la que está hecha: conviene no cerrar los ojos ante sus anhelos y frustraciones, su cólera y sus decepciones, su miedo y su desamparo, y tampoco ante la pesadez y la falta de lógica que se encuentran, después del pecado, en cada corazón humano.

"La gloria de Dios es el hombre vivo" (San Ireneo), es decir el hombre auténtico, sin apariencia ni hipocresía, que sabe emplear los talentos recibidos: que es capaz de pensar por cuenta propia, de amar lo que realmente quiere amar, y de no esconder el rico mundo de sus sentimientos: "Un corazón que sabe amar, un corazón que puede conocer la ansiedad y el sufrimiento, que puede afligirse y conmoverse, es la característica más específica de la naturaleza humana," dice el filósofo Von Hildebrand. Ninguna vivencia humana es despreciable para un cristiano, ya que todas menos el pecado fueron asumidas e iluminadas por Cristo. No se puede "saltar" la situación terrena para llegar a lo divino. Cuanto más santa es una persona, más humana es. Y al revés se puede decir lo mismo: cuanto más humana es una persona, más fácilmente puede llegar, con la gracia de Dios, a ser santa. Viene a la memoria la leyenda griega del gigante Anteo, que era invencible mientras tocaba el suelo, mientras estaba sobre la tierra.

Tomar en serio a una persona, con sus deseos de aprecio y comunicación, equivale a revalorizar su personalidad. Conviene promover un estilo de amistad y participación entre los hombres. Es necesario no sólo respetar sino cultivar el modo propio de cada uno, interesarse verdaderamente por los demás y responder gustosamente a todas sus interrogantes. Aunque, de vez en cuando, se produzcan malentendidos y suframos decepciones, nunca debemos "cerrar una frontera, sino abrir una puerta;... no reprochar errores, sino buscar virtudes." (Pablo VI)

La pluralidad entre los cristianos constituye un gran bien. (Juan Pablo II) Todo uniformismo, en cambio, asfixia la vida y no crea sino una apariencia de «armonía, mientras que la verdadera unidad potencia las diferencias. Esto no significa que siempre resulte fácil vivir la unidad en la diversidad; pero, al menos, tenemos la certeza de que este desafío se halla en la misma línea que el camino que enseña Jesucristo. La gracia de Dios es "multiforme".

Pero la vida cristiana no es solamente una vida entre cristianos. Hace falta un profundo respeto hacia todas las personas, cualquiera que sea su creencia o ideología. Un "discípulo" de Cristo es uno que aprende continuamente, como el propio nombre indica. Es uno que está dispuesto a dialogar en serio con los demás, y a descubrir los elementos de verdad que cada planteamiento contiene.

Domingo 11 de enero - BAUTISMO DE JESUS -


En el evangelio de hoy, Jesús proclama cuál es su misión. Para ello toma un texto del profeta Isaías. En este texto se define a un misterioso profeta que surgió para anunciar un tiempo de gracia en el que las realidades negativas iban a cambiar radicalmente. Jesús anuncia que ha venido a cambiar estas realidades negativas e inaugurar un tiempo nuevo.
Jesús hizo realidad con su vida un tiempo nuevo, un tiempo en el que la Buena Noticia era el mejor regalo de Dios Padre para toda la humanidad. Los pobres predilectos de Dios son los depositarios del mensaje de liberación que Jesús presenta a los excluidos de su pueblo y, en ellos, a los excluidos de todas las sociedades y de todos los pueblos de la tierra.
Las familias cristianas estamos llamadas a proclamar un tiempo nuevo donde los que están a nuestro lado lleguen a ser aún más felices. Debemos trabajar para hacer posible un tiempo nuevo. Cambiar la óptica de la educación para que las situaciones de exclusión, de competitividad, de marginación... queden aniquiladas totalmente y experimentemos en nuestras vidas la liberación que Jesús de Nazareth nos propuso hace dos mil años, pero que siguen siendo «asignatura pendiente» en una sociedad competitiva.